lunes, 31 de agosto de 2009

Si es que el que nace torero...


Ricardo de Fabra


… Lo es para toda la vida. Y doy fe de ello. El viernes pasado, y dentro de la Semana Taurina de mi pueblo, estaba prevista una exhibición de toreo sin muerte a cargo del matador de toros retirado, Ricardo de Fabra, y los novilleros, Nardo Beltrán, socio de mi Peña y Ricardo de Fabra, sobrino del diestro valenciano.

Asistió a mi lado, como Asesor Taurino, Vicente Luis Murcia, torero nacido en Silla, que llevaba casi dos décadas sin haberse puesto delante de una becerra, ni en una Plaza de toros ni en el campo. En un momento del espectáculo, y mientras estaba toreando Ricardo, me dijo al oido: “Amparo, que envidia me da”.

Al rato, invitado por los toreros, saltó la barrera y bajó al ruedo, agarró la muleta y dio unos pases. Tenían que haber visto su cara. Felicidad completa. Me alegro mucho por él. Y me alegro también por mi. Porque tuve la inmensa suerte de verle torear. Es posible que siendo una niña, lo viera, pero mi memoria taurina no alcanza.

La misma cara de satisfacción que tenía Ricardo de Fabra, antes de vestirse de corto, al hacer el paseillo, al torear con el capote y con la muleta. Les juro que mi piel se volvió a erizar. Me volví a emocionar con esa verónica a pies juntos. Como a mi me gustan.

Y Nardo Beltrán, de Lutxent, novillero por afición, al que vi torear en el año 1993 en la misma Plaza de Toros de la Pobla del Duc y socio de mi Peña, que el pasado 15 de agosto en Xátiva, me confesó que estaba entrenando duro. Y así lo demostró toreando como si fuera el primero del escalafón. Es mas, algunos novilleros que están en el esclafón no lo hacen mejor.

Y el otro Ricardo, sobrino del Maestro, por cuyas venas corre sangre torera. Y tanto que corren. Ese empaque, esa figura, ese temple. ¡Olé torero!

Así que ya ven, ya lo decía en el título, el que nace torero, lo es para toda la vida. Y por siempre lo serán. En cada acto, en cada palabra, en cada sentimiento desprenden torería por los cuatro costados de su cuerpo.

jueves, 27 de agosto de 2009

Festejos populares


Voy a ser sincera, como lo soy siempre que escribo en este blog. A mi los festejos populares, no me gustan. No es que esté en contra de ellos. Y tampoco voy a empezar una campaña anti bous al carrer. Pero aunque a mi no me gusten, reconozco el valor y el mérito en algunas ocasiones.

Los festejos populares, llenan y atraen al público, sobretodo, a la gente joven. Y eso, que ya lo sabía, lo he podido comprobar in situ estos tres últimos días en mi pueblo, con tres llenos absolutos en la Plaza.

El pasado lunes se celebró el espectáculo Arte Ibérico, en el que cuatro chavales, recortadores veternos hicieron una exhibición de recortes y saltos, en la parte seria, y en la parte cómica, disfrazados de payasos, hicieron reir sanamente al público asistente. Yo también reí.

El martes, se celebró, a pesar de las inclemencias meteorológicas, el Consurso de Jóvenes Promesas de Recortadores, donde participaron doce chavales. El triunfo fue para Román, un chaval francés.

El miércoles, se soltaron cuatro becerras para el público en general. Durante ese tiempo, los chavales del pueblo y los venidos de los pueblos colindantes, disfrutaron citando a los animales. A continuación, se emboló un toro. Y después, y a puerta cerrada, se soltó una becerra vírgen y fue toreada por los hermanos Mora Fabra y por los dos toreros de la Peña, Luis Campillo y por Natalio Navarro, el Alcalde. Si es que ya se lo advertí el primer día que cogió la muleta: Natalio, que esto engancha...

Es posible que parte de la gente joven que asiste a estos festejos, se aficione al toreo en la Plaza. Me haría una gran ilusión. Aunque me temo que será un porcentaje bastante reducido. Pero como soñar es gratis...

martes, 25 de agosto de 2009

Desde el palco




Yo he visto toros en sol y en sombra, sentada en una barrera y en el tendido, en una naya, en el Palco de la Diputación y hasta en el callejón. Pero sentada en el Palco de la Presidencia, no lo habia hecho nunca.

El pasado domingo, tuve la inmensa satisfacción de presidir un festejo taurino, una clase práctica que organizó mi Peña, la Peña Taurina La Estocada en la Plaza de Toros de la Pobla del Duc, mi pueblo.

Tuve la suerte de contar como asesor artístico, al triunfador de la pasada Feria de Julio, el diestro valenciano, José Calvo, con el que disfruté de una tarde de lujo, aprendiendo de toros. A mi otro lado, tenía la compañía del Alcalde de mi pueblo, Natalio Navarro, al que ya le ha picado el veneno y ha dado sus primeros pasos con una muleta en la mano. Junto al Alcalde se sentó la veterinaria Esther Monedero, a la que conocí el pasado mes de julio en la Puerta de la Plaza de Toros de Valencia porque nos presentó una amiga común, Mariajo. Detrás de mi, estaba el Alcalde de Castellón de Rugat, José Miguel Barranca, que es asiduo en esta Plaza y en la de Valencia. Y delante, mi buen amigo y crítico taurino, Carlos Bueno. Así que como ven, estaba mas que bien rodeada.

Además, tuve el inmenso placer de charlar con uno de los míos, el torero de Onda, Paco Ramos, que actuaba en calidad de profesor de la Escuela Taurina de Castellón, al que espero ver pronto hacer el paseillo en una Plaza de Toros. También compartí comida y tertulia con Manolo Carrión, Director de la Escuela de Valencia, excelente torero, abogado y mejor conversador.

¿Se puede pedir mas? Pues si. Que los novillos de la ganadería de Nazario Ibáñez, de Yecla dieran buen juego y embistieran. Y que los alumnos de la Escuelas de Alicante, Castellón y Valencia dieran lo mejor de si mismos. Y todo eso, además, ocurrió.

Me encandiló Román Collado, quien ya toreó el pasado año en la misma Plaza y a quien le concedí los máximos trofeos, dos orejas y rabo. Me gustó mucho Christian Uroz, un novillero de Castellón, al que seguiré. Me encantó Francisco Damas, quien no tuvo suerte con la espada, pero que firmó detalles muy toreros. Vicente Villaverde tampoco estuvo mal, a pesar de que su novillo pronto se apagó. Y Christian Climent, que repetía en esta Plaza, demostró porque es una de los alumnos mas destacados.

Y encima, todo esto adornado con una excelente banda, con esos solos de trompeta y con esos clarines y timbales que anunciaban los cambios de tercio. En un ambiente festivo, a pesar de la crisis que nos azota a todos, a mi la primera. En un lugar en el que la gente trata al que visita este lugar de la Vall D'Albaida como si fueran poblanos. Y en una Plaza, que como ya he dicho en alguna ocasión, no es de Primera, pero para mí, fue la primera.

Por todo eso, bendigo el día que me propusieron la posibilidad de presidir este festejo y el día que acepté. Porque en este mundo de los toros cualquier cosa, emociona, cualquier cosa es digna de recuerdo y les prometo que jamás olvidaré ese primer pañuelo blanco que saqué para que diera comienzo el paseillo en la Plaza de Toros de la Pobla del Duc aquel 23 de agosto de 2009.

lunes, 24 de agosto de 2009

Foro El Albero

Logo del Foro El Albero

Hoy estoy de cumpleños. No, no es el mío. Mi cumpleaños fue hace unos días. Hoy es el cumpleaños del Foro El Albero. Hoy hace un año que Iván Colomer creó el Foro El Albero, al que se puede acceder en la siguiente dirección: htpp://taurinos.mundoforo.com.

El Foro El Albero es un lugar de la red en la que ya somos casi 200 registrados que cada día nos encontramos, discutimos, nos emocionamos, nos reimos, pero sobre todo, hablamos de nuestra pasión común, los Toros.

Muchos de los foreros venimos de otro que cerraron en una conocida página web de la que aquí no voy a hablar, para no hacerle publicidad. Pero también ha habido nuevas incorporaciones.

En distintas categorías, Foro El Albero, Temporada Taurina, Toros y Toreros, ¿Sabemos de toros?, Prensa, Televisión y Multimedia, Charla General y Fotografía, los foreros debatimos con absoluta libertad de expresión, pero siempre dentro del respeto, de diversos temas, sobretodo, taurinos.

Pero también nos damos a conocer, contamos nuestras experiencias, nuestros gustos musicales, el placer de la lectura. Vamos, que somos como una pequeña gran familia.

Y como en todas las familias, también tenemos nuestros puntos de desacuerdo, nuestros gustos que no coinciden y nuestras divergencias.

A lo largo de este año, hemos luchado para crecer, haciendo publicidad del Foro a través de una pancarta que se colgó en varias ocasiones en la Plaza de Toros de Valencia, en distintas Revistas Taurinas y periódicos, en páginas webs taurinas o en blogs.

Pero también nos hemos conocido en persona. Un grupo asistimos a Vistalegre, para presenciar el emocionante Festival organizado en favor del torero de plata, Adrián Gómez. Hemos coincidido en varias Ferias, como la de Fallas, la de Abril, la de San Isidro, la de Julio.

Porque lo importante de este foro es que detrás de cada nick, se esconden personas, con su propia vida, con sus propios sueños, con sus propios problemas. Pero que cada día dedican algunos minutos para compartir su afición con los demás.

Por eso, desde este humilde blog, doy gracias a Dios, por haber encontrado este lugar, por haber conocido a estas personas. Porque entre todos ellos hacen que mi día a día sea mejor. Porque entre todos ellos hacen que mi afición crezca. Y porque entre todos ellos hacen que cada día, sea mejor persona.

Así que, familia del Foro, mil millones de gracias por estar ahí. Espero seguir celebrando este cumpleaños por los siglos de los siglos, AMEN.


video

Video del Primer Aniversario del Foro El Albero

martes, 18 de agosto de 2009

Sueños de Gloria

Mi buen amigo Carlos Bueno resultó vencedor en el último concurso literario organizado por la Federación Taurina de Castellón con el relato, "Sueños de Gloria". Disfrútenlo.


Hubo un tiempo en que yo quería ser torero. Estaba convencido de que algún día lo sería. Nada me hacía pensar lo contrario. No veía dificultades que pudiesen truncar mi ilusión, al contrario, sólo intuía gloria y grandeza en un camino que presagiaba repleto de éxitos y de satisfacciones. ¿Dureza? ¿Dolor? ¿Cómo iba a pensar en eso si apenas era un niño?

Fue una época bonita, inolvidable. Casi tres años en los que viví el sueño más maravilloso que jamás pudiese imaginar. Tiempos de ideales, de fantasías infantiles, de utopías que jamás se cumplieron pero que me hacían sentir bien, incluso importante. Iba a ser torero, y eso no era cualquier cosa. La mayoría de mis compañeros de colegio me miraban como un bicho raro, pero no me preocupaba lo más mínimo. Para mí los raros eran ellos. No entendía cómo no sentían la misma atracción que yo si no había nada más grande en el mundo que los toros.

Aquella vocación mía era de conocimiento general. Recuerdo las sonoras carcajadas de mi padre y la cara de preocupación de mi madre el día que, no sé a santo de qué, sentencié que de mayor sería torero. La verdad es que nunca me tomaron en serio, quizá porque yo tampoco insistí en el tema. Era más un sentimiento interior que algo evidente. No tenía capotes ni muletas. Nunca llegué a proponer que me apuntasen a una escuela taurina, y si alguna vez me entraba curiosidad por dar unos pases lo hacía con la toalla del baño y sin que me vieran. Así es que mis padres debieron pensar que aquella pretensión mía era algo simplemente pasajero, como así acabó
siendo. Lo que nadie sabía era el origen de mi afición. Ese era mi pequeño secreto.

Mi familia no había ido jamás a una plaza de toros, a lo sumo habíamos visto alguna corrida por televisión sin demasiado interés. Una de ellas me provocó un impacto imborrable. Fue una salida a hombros en Sevilla de Emilio Muñoz, el año 1994, el de mi primera comunión. Y lo que más me impresionó no fueron sus faenas, ya desdibujadas en mi mente, sino el momento en el que un subalterno se acercó al trianero que, mientras arrastraban al último toro, se lavaba las manos bajo el chorrito de un botijo junto a las tablas.

¡Maestro, dos orejas!, le comunicó eufórico. Dos orejas que sumadas a la conseguida en su primero le daban derecho a salir por la Puerta del Príncipe. Conmovido, Muñoz comenzó a lloriquear, se le aflojaron las piernas, y si no llegó a desplomarse fue porque el banderillero lo
sujetó por las axilas. Cuando lo izaron a hombros iba roto de tanta entrega, desencajado de tanto sentimiento. Todos cuantos le acompañaban querían tocarle. Muchos tiraban de su vestido para
arrancarle los machos, los alamares, lo que fuese con tal de conservar un fetiche de aquella tarde. El comentarista despidió la conexión con Emilio Muñoz perdiéndose en el fondo de la imagen
mientras atravesaba en volandas el puente de Triana rodeado por una marabunta de aficionados. El torero iba en trance y no le preocupaba lo más mínimo que su vestido verde oliva y oro estuviese ya totalmente destrozado. No sé muy bien por qué pero, sin que nadie se apercibiese de ello, me fui a mi habitación y emocionado comencé a llorar sin poderlo remediar. Aquella retransmisión me sobrecogió tanto que logró que el toreo me sedujera para los restos.

Pero ese no era el auténtico secreto de mi vocación. Mis padres, que eran de Castellón, se trasladaron a Alcalà de Xivert en cuanto se casaron, puesto que allí trabajaba mi padre como empleado de banca. Cuando cumplí nueve años mi madre decidió apuntarme a clases de inglés, lo recuerdo bien porque fue entonces cuando me compraron la bicicleta que no me habían regalado el año anterior para la comunión. Mamá, que era muy peculiar y exigente, no encontró un profesor con las garantías que ella estimaba oportunas en el pueblo, así es que optó por inscribirme en un reconocido centro de idiomas de Castellón. Sólo tenía que ir dos veces por semana, los martes y los jueves, aunque el traslado hasta allí suponía un serio inconveniente.

Lo más cómodo era el tren, que recorría el trayecto en poco más de media hora. Al principio, como era normal, me acompañaban mis padres, que hacían encaje de bolillos para poder llevarme. Mi madre dependía de sus turnos de trabajo en el almacén de frutas, y mi padre estaba muy ocupado llevando la contabilidad de una empresa de compra-venta de coches por las tardes. Así es que pronto les propuse ir en mi flamante bici nueva; locuras de niño. A lo que sí
que accedieron transcurridas unas semanas, no sin las lógicas reticencias de mi madre, fue a dejarme viajar sólo en el tren. La academia estaba frente a la parada de Castellón, sólo había que
cruzar la calle. Las clases comenzaban a las seis de la tarde y duraban una hora y media. Mi padre me llevaba a la estación de Alcalà de Xivert al salir de clase y volvía a recogerme a las ocho y veinte. Estaba todo estudiado y cronometrado. Además yo siempre había dado muestras de ser un niño muy formal y responsable.

Y ahí comenzó mi peculiar aventura. Recuerdo la tensión de los primeros días. Sólo hacía que mirar por la ventanilla para no bajarme en ningún otro sitio que no fuese Castellón. Pero después de media docena de viajes el nerviosismo fue cesando, y cada vez disfrutaba más del recorrido. Me gustaba observar a todos cuantos entraban y salían del vagón e inventaba en mi mente historias sobre ellos. Imaginaba a qué se dedicaban y porqué estaban en el tren, y los treinta y tantos minutos de viaje pasaban de manera fugaz.

Un buen día, en la estación de Torreblanca, subió un chaval portando una extraña bolsa, amplia, cuadrangular, más ancha por la parte superior, de la que sobresalía la roja gamuza del mango de un estoque. Se sentó frente a mí, dejó la bolsa en el suelo, la abrió y, sin mediar palabra, sacó una revista taurina y se puso a ojearla. No levantó la mirada hasta llegar a Castellón veinticinco minutos más tarde. Recuerdo su mirada vivaz y absorta, cómo movía los ojos cada vez que pasaba de página repasando todas las fotos, la atención con que después se ponía leer, y cómo de vez en cuando levantaba las cejas y abría más los ojos sin duda sorprendido por lo que estaba
observando. No pude apartar mi vista de él y de su bolsa entreabierta que me dejaba distinguir los atrayentes colores rosa y amarillo de un capote y el rojo de una muleta.

Aquel personaje y su equipaje me sedujeron de tal manera que cada martes y jueves, al llegar a la estación de Torreblanca, me asomaba al andén para comprobar a qué vagón accedía el aprendiz de torerillo. Luego me dirigía hasta su ubicación y, como generalmente a esas horas el tren no llevaba muchos viajeros, me sentaba frente a él. Imagino que pensaría que yo era un pobre tonto, porque me pasaba el trayecto mirándole atónito mientras recordaba a Muñoz en La Maestranza. Siempre era igual; la misma bolsa, la atracción de los colores de las telas y del mango del estoque, una publicación taurina, el torerillo de ojos grandes e ilusionados y el
silencio entre nosotros.

Hasta que un día, un par de meses más tarde, separó la vista de la revista y me miró fijamente. ¡Tierra trágame!, me dije para mis adentros. ¿Te gustan los toros?, me preguntó. Sí, contesté de
inmediato. Él sonrió, bajó la mirada y continuó su apasionada lectura. A partir de entonces, cada vez que nos encontramos me invitaba a sentarme a su lado. Escudriñábamos juntos las fotos, me explicaba los secretos de un buen pase, los diferentes conceptos de la tauromaquia, y me aseguraba que un día él sería figura del toreo. Me contó que se llamaba Adrián y que desde los doce años, cada tarde al salir de clase, iba a la escuela taurina de Castellón. Ahora tenía catorce, y estaba a punto de torear por primera vez una becerra. Los ojos le brillaban de forma especial al confesarme sus sueños, y mis pupilas se dilataban escuchándole.

Pasados unos meses nuestra relación se había fortalecido. Yo había encontrado a mi héroe, y él a un fiel admirador. Ven a verme a la escuela, me propuso. No puedo, tengo que ir a clases de inglés, repuse. Pero aquella invitación comenzó a quemarme en el interior. Le di vueltas y más vueltas en mi cabeza hasta que encontré la solución.

El siguiente martes expliqué en la academia que en adelante sólo acudiría un día por semana al centro porque necesitaba recibir clases particulares para reforzar otras materias, pero que mi madre había insistido en seguir pagando la cuota íntegra a cambio de que me diesen los apuntes de los días que yo estuviera ausente. La mentira coló, y cada jueves acompañaba a Adrián a la plaza sin que nadie sospechase nada. Tuve que estudiar duro para que en casa no advirtieran mi jugada, pero fue una sobrecarga que llevé a gusto porque nada me hacía más feliz que ir a ver a todos aquellos chavales entrenando para la profesión más bella del mundo.

Adrián pronto despuntó como uno de los alumnos más aventajados, y quedé atrapado por su personalidad y por sus ilusiones. Decidí que yo también me apuntaría a la escuela de tauromaquia en cuanto cumpliese doce años, como había hecho él, aunque de momento me conformaría con seguir sus pasos en la clandestinidad de los jueves de escapada.

Entre engaños y sueños transcurrieron más de dos años. La amistad creció de tal forma que le quería como al hermano que nunca tuve. Yo esperaba con anhelo nuestros viajes en tren. Los martes me contaba qué había hecho el fin de semana y cómo había estado en los tentaderos a los que iba, y los jueves le acompañaba a la plaza, era mi día grande. Me sentía como un espía, empapándome de todo cuanto observaba, y sólo ansiaba cumplir los doce para comunicar a
mis padres que la decisión que hasta el momento parecía sólo un juego, era ya férrea e inapelable.

Por aquel entonces invitaron a Adrián a un tentadero de lujo en una ganadería de postín. Su facilidad y gracia para el toreo habían levantado gran expectación en todos los corrillos taurinos. Era un día trascendental para demostrar que no se equivocaban quienes apostaban por él. Tentaban dos matadores muy importantes a los que Adrián idolatraba, y aunque intuía que no iba a gozar de mucho tiempo para mostrar sus cualidades, en su interior sentía que tenía
que protagonizar algo extraordinario, que debía asombrar a todos, y que no se le podía escapar su minuto de gloria.

Una a una iban saliendo las vaquillas a la placita de la finca. Eran eralas, quizá excesivamente fuertes para el corto bagaje de mi amigo que, sentado en la tapia y en silencio, no perdía detalle de las acciones de los maestros ante las reses. Toreaban la cuarta vaca y a Adrián comenzó a nublársele la vista. Sus siempre chispeantes ojos se apagaban. Había tenido ocasión de dar unos pases al segundo astado del tentadero después de una larga faena de Mario Garona. Pese a que la erala estaba demasiado fatigada para lucirse con ella, se arrimó como si le fuese el futuro en ello. En uno de los lances el animal, ya orientado, se quedó a medio viaje e hizo por él. Lo cogió
de muy mala manera y lo zarandeó como a un pelele. Todos acudieron con presteza y preocupación a socorrerle. La vaca estaba muy astifina y presagiaban lo peor. El primer derrote había ido dirigido a la ingle. Escudriñaron sus muslos buscando una posible cornada pero no encontraron nada excepto varetazos y golpes. Un susto. El ganadero mandó a Adrián de nuevo a la tapia. Más tarde, con el sobresalto pasado, le daría otra oportunidad.

Durante la tienta de las dos siguientes vacas mi amigo no había dejado de llorar. Lo hacía para sí, y salvo alguna lágrima incontenible que enjugaba con su muletilla, era un llanto interno, mezcla de rabia y de impotencia. Sabía que ya nunca alcanzaría su sueño de ser torero.

Con los ojos empañados Adrián comenzó a verse en el centro de un coso importante. A su alrededor todos pedían trofeos para él. Sonrió. Era feliz viendo como agitaban pañuelos blancos en su honor. Fue su última visión. Cuando se desplomó dejó al descubierto un reguero de sangre que manaba de su axila y que el negro chaleco se había encargado de esconder. Nadie lo advirtió excepto Adrián y las blancas palomas que, revoloteando a su alrededor, le llamaban a otra
gloriosa plaza.

Hubo un tiempo en que yo quería ser torero. Poco después descubrí que sólo unos pocos elegidos están llamados a serlo, que es profesión de genios tocados por la varita de Dios. Los demás somos simples mortales. Fueron sueños de gloria de una época que recuerdo con nostalgia y que probablemente me hicieron mejor persona.

Carlos Bueno

lunes, 17 de agosto de 2009

Toros en Xátiva

Con Chuso y Jaime Marco "El Choni"


¿Pensaban que iba a pasar el mes de agosto sin ir a los toros? Nooooo. El pasado sábado día 15, el día de la Virgen de Agosto, el día de la Virgen de la Paloma, el día de la Asunción, el día en el que la mayoría de pueblos de España organizaban toros, asistí a una Plaza de Toros.

Fue en la capital de La Costera, Xátiva. Mis mayores me cuentan que en esa Plaza antiguamente asistían las figuras consagradas del panorama taurino. Y en el 2009, no podía ser de otro modo.

Allá que me fui, con mi amigo Chuso, Corredor en el Foro El Albero y disfrutamos de una entretenida tarde taurina.

Antes de comenzar el paseillo, se celebró un merecido homenaje a Jaime Marco "El Choni", gran torero valenciano, al que no tuve la suerte de ver torear. Ya ven, a pesar de mis años, todavía soy joven. Pero si que había tenido la posibilidad de hablar con él, hace unos años y el sábado, también. Un encanto de señor y todo un Maestro.

Saben que no es este blog el lugar donde hago las crónicas de los festejos a los que asisto. Y no voy a hacer una excepción ahora. Solo diré que disfruté como una enana viendo triunfar a mi torero.

Vicente Barrera es muy querido en aquella comarca, y se notaba en el ambiente y en la Plaza. Y ya son cuatro tardes las que le he visto hacer el paseillo en esta Plaza de Toros. Hace tiempo, sin cubrir y en los últimos años, ya remodelada.

Pero les diré algo, es cierto lo que dicen por ahì de que el lugar donde mas calor hace de toda la Comunidad Valenciana, es la Plaza de Toros de Xátiva. Pero a mi, plin. Bien fresquita y con mi abanico, que por cierto lancé al ruedo cuando Vicente dio la vuelta al ruedo.

martes, 11 de agosto de 2009

Ayer fui de presentación

Presentación de la Semana Taurina en el Ayuntamiento


No es una Plaza de Primera, pero para mi, fue la Primera. El primer lugar al que asistí a un festejo taurino, siendo una niña. La Paza de Toros de la Pobla del Duc.

Tampoco es una Plaza fija, sino que es portátil. Y tras varios años, siendo una Plaza de barrotes, ya son tres años consecutivos los que la Pobla del Duc, tiene una Plaza de callejón.

Y ayer fue la presentación de la semana taurina, que tendrá lugar entre el 23 y el 28 de agosto. Y yo asistí. No podía faltar a la cita.

Como tampoco falló, mi amigo Carlos Bueno. Para mi fue un honor que haya escogido mi pueblo para reaparecer. Asistió ayudado por muletas, pero seguro que pronto las sustituye por un paño de franela.

Tampoco faltaron Manolo Carrión y Joaquín Mompó. No en vano, el primer festejo será una clase práctica en la que intervendrán alumnos de las Escuelas Taurinas de Valencia, Castellón y Alicante.

Pero también habrán festejos populares. Y como colofón, un Festival en el que intervendrá Ricardo de Fabra, que tantas tardes ha toreado en esta Plaza, junto a su sobrino, con el mismo nombre y el socio de la Peña, Nardo Beltrán. Estos últimos también presentes en la jornada de ayer.

La velada finalizó a altas horas de la madrugada, tras una cena de hermandad en el Bar Campillo, donde tras una animada tertulia y los diversos parlamentos de rigor, nos amenizó un grupo de acordeonistas y un cantante que nos hizo pasar un rato mas que agradable.

Desde aquí les invito a que visiten mi pueblo esa semana, esta bella localidad de la Vall D' Albaida, donde sus gentes acogen a los forasteros como si fueran poblanos. Y me consta que quien prueba, repite. ¿A que si, Carlos?

jueves, 6 de agosto de 2009

San Salvador

Mi padre con los Hermanos Esplá, Santiago López, Dámaso Gonzálesz y Armillita Chico en la Pobla del Duc

Hoy día de la Transfiguración del Señor, es el santo de mi padre y de mi hermano. Y como ya lo hice hace unos días con mi madre, debo dedicar el blog de hoy a Salvador Gomar, a los dos Salvadores.

Muchos de ustedes conocen a mi padre. Tantos años vinculado al fútbol, a su Valencia del alma. Y desde bien jovencito, asiduo a la Plaza de Toros de Valencia y de la Pobla del Duc. Y él, que desde siempre ha tenido dos pasiones, ha tenido dos hijos.

Mi hermano, al que no conocen porque no es taurino, ha heredado la vena futbolera. Alguna vez ha asistido a algún festejo, en Valencia y en Las Ventas. Recuerdo hace unos años, que me contó con mucha ilusión su debut en Las Ventas, donde lo pasó en grande. O hace poco que asistió a una capea.

Y de mi padre, ¿qué les voy a contar? Que aunque él no lo crea, he aprendido mucho a su lado. Recuerdo las tardes compartidas en la Plaza, cuando me enseñó qué era el Rincón de Ordóñez o me contaba la gran tarde de la lluvia en Játiva, donde se cortó todo lo que se podía cortar. Y tantas cosas mas que me ha contado.

Y por supuesto, recuerdo, siendo una niña, los Festivales que se organizaban en mi pueblo, donde asistían las primeras figuras. Algún recuerdo vago me queda. Y la charlotada que se celebró allí, con Don Cicuta y compañía. De todo ello da fe las fotos que se conservan en casa.

Y últimamente, sus ganas de relanzar la Peña La Estocada, con las charlas, las novilladas de la Escuela, las cenas de sobaquillo en la Puerta de la Plaza Portátil o las cenas de hermandad. Y su lucha incansable para que todo saliera perfecto.

Así que ya lo sabes, papá, aunque tengamos puntos contrapuestos en nuestros gustos taurinos y discutamos mucho, que sepas que sin tí, no habría podido crecer taurinamente. Por eso, por tus enseñanzas, por tu lucha y por muchas cosas mas, Muchas Gracias y Muchas Felicidades, torero.

domingo, 2 de agosto de 2009

El mes de agosto

Mientras el resto de los mortales disfruta de sus vacaciones, algunos porque es durante este mes cuando tienen su merecido mes de descanso, otros porque no tienen mas remedio forzados por la crisis, ellos, no paran.

Cierto es que no todos descansan en este mes. Algunos prefieren hacerlo en otros meses del año, otros están obligados a parar en otras temporadas.

Ocurre como los cantantes y los grupos de música que se recorren miles de kilómetros en sus furgonetas para demostrar su arte durante el verano.

Porque es en este mes, cuando la mayoria de pueblos de España, celebran sus fiestas patronales. Digo la mayoría, porque los hay que las celebran en septiembre o incluso en octubre.

Y es ahora cuando los toreros preparan sus capotes, sus muletas, sus estoques, sus vestidos. Lo tienen todo a punto esperando la llamada de su apoderado para decirles que deben torear al día siguiente porque deben suplir a algún compañero que ha sufrido un percance. O bien saben de antemano su cuaderno de ruta.

Y deben acudir a todas las llamadas, algunos no están en disposición de rechazar ninguna oportunidad, porque nunca se sabe.

Y se recorren miles de carreteras en sus coches o furgonetas, duermen poco y a veces, hasta comen mal. Y pasan calor, un calor asfixiante.

Pero todo eso no importa, si logran conseguir su sueño. Su sueño de torear. Aunque sea en un pueblo perdido. En un lugar que jamás han escuchado que existe.

Porque para algunos, cualquier lugar es bueno si hay una Plaza de Toros y aficionados ante los que demostrar porque son Toreros.