
Y con estas palabras, anoche di por terminada la Feria de Julio y la temporada en la Plaza de Toros de Valencia, salvo que se obre el milagro de que se abra para algún festejo.
Dios nos oiga.
Y el día después pocas cosas recuerdo. O tal vez es que pocas cosas se han visto.
O he sido yo la que no las ha visto. O el calor y bochorno las ha borrado de mi recuerdo.
Pero por primera vez en la historia, coincido plenamente con el veredicto del jurado de la Diputaciòn.
Sinceramente, no esperaba este resultado, teniendo en cuenta los antecedentes en los anteriores resultados.
Pero me alegra sobremanera que por una vez, estemos de acuerdo.

Caso a parte es el uso de la espada, que por desgracia, hasta los figuras más reconocidos, no han sabido o podido utilizar correctamente.
Y dar el premio como triunfador a Rafelillo es lo mejor que podían haber hecho.
Siempre según mi opinión, claro está.
A mi de nada me sirven las orejas que se cortan si reconozco el esfuerzo. Al final, son meras estadísticas.
Lo que me llega al alma, es lo que me emociona y a lo que de verdad le doy importancia.
Y si bien es cierto que siempre digo que los premios son solo premios que no hay porque hacer caso a ellos, en este caso, pensamos igual.
No por ello quiero decir que el Jurado y yo llevemos razón.
Porque para gustos, los colores.
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